viernes, 9 de agosto de 2013

Vistas al mar.

     Cualquiera diría que los muros de esta habitación están hechos de cúmulos de Vacío.
     Las ventanas y puertas, de par en par abiertas, dejan entrar el agua. La marea ha subido y se ha llevado todos los poemas escritos en la orilla. Es caprichosa.
     En cambio, tú no has vuelto a pasear por las arenas de este anti-locus amoenus donde te divertías desinflando sueños con la aguja de tu tacón. Y casi que mejor.
     Ya no hay tormenta; sólo estoy yo, solo, acompañado de ese viento suave que acaricia hasta los huesos y del incesante estribillo que cantan las olas (como si se les hubiese olvidado el resto de la canción).
     Por fin puede decirse que todo ha vuelto a su lugar, pero con las estanterías cambiadas de sitio.
     A veces hay que cambiar de sitio los muebles, ¿sabes? Para convencernos de que dejar las cosas tal y como están no es siempre la mejor opción. Eso o que la chorrada del feng-shui es cierta y lo veo todo mejor.
     La verdad es que me ha venido bien que te fueras, porque eso de ser medio dos me quedaba grande y no cabía en esta habitación sin paredes ni cortinas. Antes entrabas tú, ahora entran los rayos melosos del crepúsculo y el agua de mar (si escuece es que está curando); no es tan diferente al fin y al cabo.
     Cualquiera diría que los muros de esta habitación están hechos de cúmulos de Vacío, y con razón, porque antes los ladrillos eran tus huesos y el cemento tu saliva.
     En fin, al menos ahora tengo vistas al mar.

3 comentarios:

  1. No te engañes. Que por mucho que tengas vistas al mar, jamás se podrá comprar a su sonrisa justo al despertarse.

    ResponderEliminar
  2. "Si escuece es que está curando." Esa frase me ha salvado más de una vez. :)

    ResponderEliminar